Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —SÃ, ciudadano.
—Y con una niña. ¿Es tu madre, ciudadanita?
—¿Debo responder, mamá? —dijo en voz baja la niña, acercándose con miedo a su madre.
—SÃ, ángel mÃo.
—SÃ, ciudadano; ¡es mamá!
—Ya me lo figuraba. Pero ¿a mà qué más me da? Lo importante es trabajar. ¿Ves esta sierra? La llamo mi pequeña guillotina. ¡La, la, la, la… plan! Ya ha cortado otra cabeza.
El trozo de madera cayó al pronunciar estas palabras, y, después de recogerlo, lo arrojó en un cesto.
—Soy el Sansón de la madera. Vais a verlo. ¡Froc! ¡Froc! ¡Froc! ¡Froc! Es la cabeza de la mujer. Ahora le toca a la hija: ¡Fric! ¡Fric! ¡Fric! Ha caÃdo toda la familia.
Lucie se estremeció al ver arrojar en el cesto los dos trozos que añadÃa a los demás; pero no era posible acudir a la cita cuando aquel hombre trabajaba sin hallarse a su lado. Una indiscreción podÃa perderla, y como era necesario que se ganara las simpatÃas del patriota, era la primera en dirigirle la palabra y hasta le daba de vez en cuando algunas monedas que él se apresuraba a meter en el bolsillo.