Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Os saludo, ciudadana —dijo el doctor al verla.
—Salud, ciudadano.
Y pasó sin volver la cabeza, deslizándose como una sombra sobre la nieve.
—Dame el brazo, ángel querido, y ten valor. Disimula tu tristeza, y por lo mucho que lo amas sonrÃe. Bien, hija mÃa.
Se alejaron. Después de unos momentos de silencio, el doctor le dijo a Lucie:
—No sin motivo te he suplicado que sonrieras. Debemos estar contentos porque mañana comparece Charles ante sus jueces.
—¿Mañana?
—El tiempo urge. He hecho todos mis preparativos, pero se han de tomar ciertas precauciones, y no podÃan tomarse antes de saber exactamente el dÃa del proceso. Aún no se lo han notificado, pero sé por buen conducto que mañana es la vista y que será trasladado esta noche a la Conciergerie[36]. AnÃmate; tengo esperanzas de salvarlo.
—ConfÃo en ti —respondió la pobre Lucie con voz trémula.
—Tienes razón, ángel mÃo. Van a terminar todos nuestros pesares; mañana por la noche abrazaremos a Charles. Pero antes tengo que ver…