Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Bien, bien —dijo con rostro risueño la anciana, y reprimiendo un suspiro al mirar los cabellos dorados de Lucie—. ¡Adelante! Tendremos paciencia; llevaremos la cabeza levantada y derrocaremos al enemigo, como decÃa mi hermano Salomon. No os mováis, niña, no os mováis.
Y salieron dejando a Lucie, a Charles, al doctor y a la niña cerca de la chimenea, esperando de un momento a otro al señor Lorry.
La señorita Pross habÃa encendido una luz antes de salir, pero la habÃa colocado en un rincón para que la familia pudiera disfrutar de la claridad de la llama de la chimenea. La pequeña Lucie estaba al lado de su abuelo, cuyo brazo tenÃa entre los suyos, y el doctor, hablando en voz baja, empezó a contarle la historia de un hada poderosa que habÃa derribado las paredes de una cárcel para liberar a un cautivo que en otro tiempo le habÃa prestado un servicio.
La calma reinaba, no solo en la habitación del doctor, sino también en toda la vecindad, y Lucie empezaba a tranquilizarse.
—¿Qué es eso? —preguntó de pronto.
—Hija mÃa —dijo el doctor, interrumpiendo su historia y cogiéndole la mano—. No te dejes dominar asà por tus impresiones. Nunca te he visto tan nerviosa; el ruido más insignificante te hace estremecer. ¿Qué se ha hecho del valor que tenÃas en otro tiempo?