Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —He creÃdo oÃr pasos en la escalera —dijo, excusándose con voz trémula.
—No, hija mÃa; nunca ha estado la casa tan quieta.
Mientras pronunciaba estas palabras llamaron con fuerza a la puerta.
—¡Oh! ¡Padre, ocultémoslo! ¿Lo salvarás, padre mÃo?
—No temas —dijo el doctor levantándose—, lo salvaré. Pero ¿quién puede amenazarlo? Déjame que vaya a abrir.
Cogió la luz, cruzó los dos aposentos que precedÃan a la sala y abrió la puerta de la escalera.
Se oyó entonces un rumor de pasos en el recibidor, y cuatro hombres armados de sables y pistolas entraron en la sala.
—¿Quién es el ciudadano Evrémonde? —dijo uno de ellos.
—¿Qué queréis? —preguntó Charles.
—Lo buscamos —respondió el patriota—; pero eres tú, te conozco; estabas esta mañana en el tribunal. Eres preso de la República.
Los cuatro hombres rodearon a Charles, mientras Lucie y su hija lo sujetaban.
—¿En virtud de qué orden y por qué crimen se me prende otra vez?