Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —No os acaloréis, buena pieza —le dijo Carton—. Estaba observando hace una hora las paredes de la Conciergerie justo cuando salÃais de la cárcel, y por una casualidad pasasteis por mi lado. Cuando he visto una cara una vez, ya no se me borra, y la vuestra es muy notable para que pueda esfumarse de la memoria. Despertada mi curiosidad, quise saber de qué tipo eran vuestras relaciones con las cárceles francesas, y os seguà hasta la taberna. Allà me senté detrás de vos, pude deducir de vuestras palabras y de los elogios que os hacÃan cuál era la categorÃa de vuestro empleo. Este descubrimiento ha convertido paulatinamente una idea vaga que habÃa concebido en un proyecto en toda regla, señor Barsad.
—¿Qué proyecto? —preguntó el espÃa.
—SerÃa peligroso explicároslo aquÃ. ¿Me haréis el favor de acompañarme hasta un sitio seguro, a la sede de Tellsone, por ejemplo?
—¿Con amenaza de…?
—¿Quién os habla de amenaza?
—¿Por qué tengo que ir si nada me obliga?
—No sé si podréis negaros.
—Sabéis mucho más de lo que decÃs —replicó el espÃa con inquietud.
—Tenéis talento y penetración, señor Barsad; sé, en efecto, muchas cosas.