Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades La indolencia de Carton le servÃa poderosamente en esta circunstancia, teniendo en cuenta el plan que abrigaba y el hombre con quien tenÃa que tratar. Reparó en ello y no dejó de aprovecharse.
—No en vano temÃa que me meterÃas en un lio —dijo el espÃa mirando a su hermana—; si esto acaba mal, tú habrás sido la causa.
—Señor Barsad —repuso Carton—, no seáis ingrato. De no haber sido por el respeto que me merece vuestra hermana, os habrÃa tratado con menos miramientos y sabrÃais ya la proposición que tengo que haceros. ¿VenÃs a la sede de la Banca Tellsone?
—SÃ; deseo saber lo que tenéis que decirme.
—Acompañemos primero a la señorita Pross a su casa. Señorita Pross, aceptad mi brazo; serÃa peligroso dejaros volver sola, porque, como Cruncher conoce a Barsad, es conveniente que venga conmigo.
La señorita Pross recordarÃa hasta el último dÃa de su vida que en el momento de apoyarse en el brazo que se le ofrecÃa y de mirar al señor Carton implorándole por el indigno Solomon, vio en sus ojos una fineza y un entusiasmo que desmentÃan su indolencia habitual y lo transformaban completamente; pero estaba entonces muy preocupada por su hermano para detenerse en esta observación.