Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Cuando llegaron a casa del doctor, la compañÃa se despidió de la señorita Pross y se dirigió al palacio.
El señor Lorry acababa de levantarse de la mesa y contemplaba la llama clara y viva que chisporroteaba en la chimenea. Tal vez buscaba en sus lenguas de fuego el retrato de aquel agente de Tellsone que en otro tiempo se habÃa sentado delante del hogar de la Fonda del Rey Jorge en Dover. Volvió la cabeza cuando abrieron la puerta y manifestó cierta sorpresa al ver al desconocido.
—El hermano de la señorita Pross, John Barsad —dijo Carton.
—¡Barsad! —repitió el anciano—. ¡Barsad! Recuerdo vagamente haber oÃdo ese nombre y no me son desconocidas las facciones de este caballero.
—No en vano os decÃa que tenÃais una cara que no se olvida fácilmente —dijo con indiferencia Carton—. Sentaos, John Barsad. —Y, dándole una silla, añadió con severidad—: Figuró como testigo en el proceso de alta traición.
El señor Lorry se acordó inmediatamente y miró al falso testigo con una repugnancia que no disimuló.
—La señorita Pross ha encontrado en el señor Barsad al hermano de quien le habéis oÃdo hablar con tanto cariño, y él ha reconocido el parentesco —dijo Carton—. Pero hablemos de asuntos más tristes: Darnay está otra vez preso.