Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Encuentro una carta que no habÃa visto aún —dijo Sydney después de una breve pausa—. ¿Quién era ese «carnero» que se alababa de pacer en las provincias y que bebÃa con vos en la taberna?
—Un francés que no conocéis —respondió Barsad.
—¿Francés? —repitió Carton, pensativo.
—Lo afirmo. Además, eso no tiene importancia.
—Probablemente —continuó Sydney sin cesar de meditar—; sin embargo, yo conozco esa cara.
—No lo creo; estoy seguro de lo contrario; no puede ser —se apresuró a decir el espÃa.
—¿No puede ser? —murmuró Carton, llenando el vaso—. No puede ser… Habla bien el francés, pero tiene acento.
—No es de ParÃs.
—Es un extranjero —gritó Carton dando un golpe sobre la mesa—; es Cly, ahora lo recuerdo. Estaba con vos en Old Bailey.
—No os precipitéis, caballero —dijo Barsad, con una sonrisa que acentuó la curva de su nariz aguileña—; acabáis de incurrir en un renuncio.
—Pues no paso.