Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Que Roger Cly no ha estado nunca en la fosa —respondió Cruncher con voz lúgubre—. Que me ahorquen si miento.
El espÃa miró a Carton y a Lorry, que por su parte miraban a Cruncher con creciente sorpresa.
—Lo que pusisteis en el ataúd no era un cadáver, sino piedras y tierra.
—¿Cómo lo sabéis?
—No es asunto vuestro —murmuró Cruncher—. Hace mucho tiempo que os guardo rencor por esa mala pasada. ¡Pues qué! ¿Asà se engaña a un honrado comerciante? Os ahogarÃa con gusto por media guinea.
Sydney Carton y el anciano, perplejos ante este incidente, suplicaron a Cruncher que se explicase.
—En otra ocasión será —respondió Jerry con tono evasivo—; el momento en que nos hallamos no es el mejor para explicaciones. Digo únicamente que Roger Cly no estaba en el ataúd donde este hombre pretende haberlo depositado. Que se atreva a sostener lo contrario aunque no sea más que con un gesto, y lo ahogo por media guinea.
Jerry Cruncher creÃa seguramente estar haciendo una oferta generosa.