Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Mientras Sydney Carton y Barsad estaban en el aposento contiguo, donde hablaban tan bajo que ni siquiera se oía el murmullo de su voz, el señor Lorry miraba a Cruncher con manifiesto descontento. El aspecto del honrado comerciante no era, en efecto, el más indicado para inspirar confianza; apoyado, ya en un pie, ya en otro, y cambiando continuamente de actitud, examinaba sus uñas con sospechosa atención y, cuando tropezó con la mirada de su patrón, se apoderó de él aquella tos especial que lo obligaba a ponerse el hueco de la mano delante de la boca, y que no indicaba jamás un carácter precisamente franco.
—Acercaos, Jerry —dijo el anciano.
El hombre avanzó oblicuamente precedido de uno de sus hombros.
—¿En qué os ocupabais antes de ofreceros al servicio del público en la puerta de la Banca Tellsone?
Después de algunos instantes de reflexión, Jerry tuvo una idea luminosa.
—Era labrador —respondió.
