Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —No me habÃa dado cuenta —dijo.
El tono con que pronunció estas palabras hizo que el anciano volviera a observar sus facciones marchitas, y pensara sin quererlo en el rostro demudado de los presos.
—Asà pues —dijo Carton volviéndose hacia él—, muy pronto saldréis de ParÃs.
—SÃ. Como os decÃa ayer noche cuando entró Lucie, nada me retiene ya en esta ciudad, tengo los pasaportes arreglados, y estoy preparado para irme.
Se hizo un silencio.
—Tenéis una larga carrera de la que podéis acordaros —respondió Carton, pensativo.
—Muy larga, en efecto: tengo setenta y ocho años.
—Siempre habéis sido útil, habéis estado constantemente ocupado, y contáis con la confianza, el respeto y el aprecio de todos.
—Estoy en la Banca Tellsone desde que tengo uso de razón; casi era un niño cuando empecé a trabajar.
—¡Qué posición ocupáis aún en los negocios! ¡Cuántas personas os llorarán! ¡Qué vacÃo tan grande dejaréis en el mundo!
—¡Un viejo solterón! —dijo el señor Lorry moviendo la cabeza—. ¿Quién podrá llorar mi muerte?
—¡Oh, señor Lorry!… Os llorará ella; tendréis sus lágrimas y las de su hija.