Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —No sois inglés aunque llevéis el traje —dijo el aserrador.
—¿Por qué lo decÃs? —respondió Carton, parándose.
—Porque habláis como un francés.
—He estudiado en ParÃs.
—Cualquiera dirÃa que habéis nacido en Francia. ¡Buenas noches!
—Buenas noches, ciudadano.
—No dejéis de ir a ver a ese diablo de Sansón —dijo el aserrador con insistencia—, y, sobre todo, llevaos una pipa.
Cuando Sydney perdió de vista al patriota, se paró debajo de un farol y escribió dos lÃneas a lápiz sobre un pedazo de papel.
Andando después con la firmeza de una persona que conoce el camino, atravesó varias calles negras y tanto más sucias por cuanto en aquellos dÃas de terror ni siquiera se barrÃan las principales, y se detuvo delante de una tienda de farmacéutico cuyas puertas cerraba este lentamente.
Era una botica pequeña, oscura, llena de frascos viejos, y el que la dirigÃa era un hombre bajo, flaco y cojo. Sydney, después de saludar al farmacéutico, que habÃa vuelto a entrar en la tienda, le enseñó el pedazo de papel.
El boticario leyó la nota en voz baja y le dijo: