Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Pasó la noche. Mientras, apoyado en el pretil de un puente, escuchaba cómo azotaba el Sena los murallones de la Isla de París y miraba el conjunto pintoresco de la catedral y las casas alumbrado por la luna, el día asomó fríamente como una faz muerta saliendo del cielo, las estrellas y las tinieblas palidecieron y se desvanecieron, y por unos momentos la Creación pareció dominada por la Muerte.
Pero el sol glorioso, al salir, pareció asestar estas palabras, esta carga de la noche, directas en su corazón. Y contemplando sus largos y brillantes rayos, con ojos ensombrecidos y respetuosos, Carton vio surgir un puente de luz entre él y el sol, mientras el río centelleaba a sus pies.
La corriente rápida y profunda se le apareció a través del aire apacible de la mañana como una amiga cuya esencia era igual a la suya. Se acercó al río, y tumbándose en la orilla se durmió a la claridad del día. Al despertar paseó junto al agua unos momentos y, viendo una ola que daba vueltas sin objetivo, dijo cuando el río se apoderó de ella y la arrastró para lanzarla al mar:
—¡Es como yo!