Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Uno de los dos hermanos, al que llamaré el mayor porque parecÃa tener más autoridad, me respondió:
—Unas veinticuatro horas.
—¿Tiene un marido, un padre y un hermano? —continué.
—Un hermano.
—¿Puedo verlo?
—No —respondió, con tono de desprecio.
—¿A qué se refiere el número doce que no cesa de repetir?
—A la hora que era entonces —dijo el más joven, con impaciencia.
—Ya veis, señores, que tenÃa razón cuando os pregunté el género de enfermedad que iba a combatir; estoy desarmado delante del mal. Si hubiera sabido su Ãndole, me habrÃa procurado medicamentos. El tiempo urge, y ¿dónde encontraremos ahora un farmacéutico?
—Hay aquà drogas —repuso el mayor, mirando a su hermano.
Este salió y trajo de un aposento contiguo una caja que puso sobre la mesa…
Abrà algunos de los frascos y, después de olerlos, apliqué sus tapones a mis labios. Si hubiera necesitado drogas que no fueran narcóticas, es decir, venenosas, no me habrÃa servido de ninguna de las que me habÃan presentado.