Historia de dos ciudades

Historia de dos ciudades

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¿No os inspiran confianza? —me preguntó el más joven de los dos hermanos.

—Ya veis, caballero, que voy a hacer uso de ellas.

Administré a la enferma, no sin mucho trabajo, la dosis deseable y, como era preciso renovar la medicación y observar sus efectos, cogí una silla y me senté cerca de la cama.

Una humilde criatura (la mujer del criado que nos había abierto la puerta) se hallaba en la habitación y se había retirado después de que entráramos. La sala era húmeda y sus muebles ordinarios, y sin duda hacía muy poco tiempo que estaba habitada, y no permanentemente. Habían clavado delante de las ventanas unas cortinas viejas, más para ahogar los gritos de la enferma que para protegerla del aire frío de la noche.

A pesar de la poción calmante de que me había valido, continuaba con igual violencia el delirio de la joven, que repetía los mismos gritos y las mismas palabras: «¡Marido mío! ¡Padre mío! ¡Hermano mío!», seguidas de uno, dos, tres hasta doce y el «¡chist!» tras lo cual empezaba de nuevo inmediatamente. Lo único que pudo darme alguna esperanza era la influencia que mi mano parecía ejercer en sus facciones, pero nada bastaba para calmar sus gritos, que se exhalaban con la regularidad de un péndulo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker