Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades HacÃa media hora que estaba a su lado sin que se hubiesen alejado los dos hermanos, cuando el mayor me dijo:
—Hay otro enfermo en la casa.
—¿Es un caso urgente? —pregunté con sorpresa.
—Vais a verlo —respondió cogiendo la lámpara.
El otro enfermo estaba en una especie de pajar, encima de una caballeriza. La tercera parte del techo de aquel escondite estaba revocada con cal, y en el resto se veÃan los maderos y la punta del tejado, y en el suelo heno, haces de leña y manzanas que tuve que saltear para llegar hasta el paciente. He conservado el recuerdo de estos detalles que, después de diez años, se hallan grabados en mi memoria como en la noche en que los vieron mis ojos.
YacÃa en el suelo sobre un lecho de paja y una almohada un aldeano que apenas tendrÃa diecisiete años. Estaba acostado boca arriba, con los dientes convulsivamente apretados, la mano cerrada sobre el pecho y la mirada, brillante, dirigida al cielo.
Me arrodillé a su lado y, sin saber dónde estaba herido, vi que morÃa de una herida infligida por un instrumento agudo.
—Soy médico, pobre amigo mÃo —le dije—; dejad que os examine.