Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¡Ah! Por orgulloso que sea tiene miedo de un villano. ¿Dónde está el otro? Colocadme frente a él.
Levanté la cabeza del moribundo y la apoyé en mi rodilla, pero, investido en el momento supremo con una fuerza sobrehumana, se incorporó con tanta energÃa que me obligó a levantarme a mà para someterlo.
—Marqués —dijo, tendiendo la mano derecha y dirigiendo al noble una mirada vidriosa—, cuando llegue el dÃa en que os pidan cuentas de todos vuestros crÃmenes, os conmino a comparecer ante los jueces, vos y los vuestros, hasta el último de vuestra raza, para responder por lo que nos habéis hecho sufrir. Conmino a vuestro hermano, el más perverso de una familia maldita, a responder por su lado, y hago sobre él una cruz sangrienta para que lo reconozcan los vengadores.
Mojó dos veces la mano en la sangre que brotaba de su herida y trazó una cruz en el aire.
Después agachó la cabeza y cuando lo solté de mis brazos era cadáver…
Encontré a la joven en el mismo estado de fiebre y de delirio, gritando aún y repitiendo por el mismo orden las mismas palabras que cuando llegamos. Dentro de algunas horas, pensaba para mÃ, todo esto se extinguirá en el silencio del sepulcro.