Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Estas palabras lo hicieron sonreÃr de pronto, pero después lo irritaron. Empujó con el pie una silla hasta donde estaba la mÃa, mandó a la criada que se retirase y dijo en voz baja:
—Viendo a mi hermano apurado con estos villanos, le aconsejé que os llamase. Vuestra reputación está aún por construir, sois joven, vais a hacer fortuna y, como es probable que no estéis reñido con vuestros propios intereses, no hablaréis a nadie de lo que acabáis de ver aquÃ.
Yo escuchaba la respiración de la enferma y no le respondÃ.
—¿Queréis prestarme atención, doctor?
—Caballero —respond×, todo lo que tiene relación con los enfermos es sagrado para el médico y guarda sobre este punto la discreción más absoluta.
Evitaba de este modo responder con más franqueza, porque, profundamente turbado por lo que acababa de ver y oÃr, conocÃa la necesidad de obrar con la mayor discreción.