Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Hace mucho tiempo —dijo ella, con furor concentrado— que he inscrito en mi registro el nombre de esa familia maldita y la he condenado a una completa destrucción, y no solo por sus crÃmenes como tiranos y opresores. Jacques y tú, Venganza, preguntádselo a mi marido.
Defarge hizo un gesto afirmativo.
—Al principio de los grandes dÃas, cuando sucumbió la Bastilla, encontró ese papel, lo trajo a casa y, cuando nos quedamos solos y cerramos la puerta, lo leÃmos juntos aquÃ, en este mostrador. ¿Es cierto?
—Sà —respondió Defarge.
—Cuando terminamos la lectura, la luz acababa de apagarse, se hacÃa ya de dÃa y le dije a mi marido que tenÃa que revelarle un secreto. ¿Es cierto?
—Sà —respondió el tabernero.
—Me puse las manos en el pecho como me las pongo ahora, y le dije: «Defarge, unos pescadores me recogieron en la orilla del mar, y esos desgraciados cuya historia cuenta este papel, esa familia tan horriblemente perseguida por esos dos Evrémonde es la mÃa. Esa hermana del joven que ellos asesinaron era la mÃa, el marido que empujaron a la muerte y el ser que ahogaron en el seno de su madre, eran el marido y el hijo de mi hermana, ese hombre cuyo corazón despedazaron era mi padre, y tengo el deber de pedir cuentas por esas muertes». ¿Es cierto, Defarge?