Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades En el momento en que el preso, sorprendido por lo que le dictaba, alzaba los ojos en actitud interrogante, Carton sacó la mano derecha de debajo del chaleco, y se interrumpió bruscamente.
—¿Estáis armado? —le preguntó Charles.
—No.
—¿Qué tenéis en la mano?
—Pronto lo sabréis. Seguid escribiendo, apenas quedan unas palabras. —Empezó a dictar de nuevo—: «Agradezco que se haya presentado la oportunidad de probar lo que os dije. Que asà lo haga no debe causaros remordimiento o dolor».
Al terminar esta frase, su mano derecha pasó lentamente por delante de la cara de Darnay. Este soltó la pluma y miró con ojos azorados.
—¿Qué vapor es este? —preguntó.
—¿Un vapor?
—Algo que ha pasado por delante de mÃ.
—No he visto nada, no siento nada. Tomad otra vez la pluma, y acabemos. El tiempo corre, amigo mÃo.
Charles hizo un esfuerzo para dominar la extraña sensación que experimentaba. Su pensamiento estaba confuso, su respiración se acortaba y su vidriosa mirada no se apartaba de Carton, que habÃa vuelto a poner la mano derecha debajo del chaleco.
—No tardemos —dijo este.