Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —SÃ, pobre hermana mÃa, pero llamadme Evrémonde.
La sombra que envolvÃa la cárcel caÃa también sobre la ciudad. Un coche que salÃa de ParÃs se paró delante de una de las puertas del puesto de guardia.
—¡Los pasaportes! —dijo el oficial—. Alexandre Manette, doctor en medicina, francés: ¿dónde está?
—AquÃ.
Señalaron a un anciano abatido que murmuraba palabras incoherentes.
—Parece que el ciudadano está loco; la fiebre revolucionaria ha sido demasiado fuerte para él.
—SÃ, demasiado fuerte.
—No es el único que no ha podido resistirla. Lucie Darnay, su hija, francesa: ¿dónde está?
—AllÃ.
—Bien: ¿no es la mujer de Evrémonde?
—Precisamente.
—Él ha tomado otro camino. Lucie, su hija… Supongo que es esa niña.
—SÃ.
—Dame un beso, hija de Evrémonde. Puedes enorgullecerte de que te ha besado un buen republicano. Es cosa nueva en tu familia, no lo olvides. Sydney Carton, abogado, inglés: ¿dónde está?
—AllÃ, en el fondo del coche.