Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Dos individuos jugaban a los naipes, otros dos acababan una partida de dominó, y tres mocetones estaban de pie cerca del mostrador, donde hacÃan durar todo lo que podÃan un vaso de vino.
Monsieur Defarge observó en el momento en que pasaba por detrás de ellos que el anciano caballero dirigÃa a su compañera una mirada que significaba: «Este es».
«¿A qué habrán venido a este sitio?», se preguntó el tabernero.
Pero aparentó que los dos forasteros le llamaban muy poco la atención, y trabó conversación con los tres amigos que estaban cerca del mostrador.
—Jacques —le preguntó uno de los tres bebedores—, ¿han recogido todo el vino?
—Hasta la última gota, Jacques.
Ante este intercambio de nombres de pila, madame Defarge, que continuaba haciendo uso de su mondadientes, volvió a toser y arqueó las cejas.
—La mayor parte de esos infelices no saben qué gusto tiene el vino —dijo el segundo bebedor—; la mayor parte no ha comido en toda su vida más que pan negro, ni tendrá más placer que el de la muerte. ¿No crees, Jacques?
—Es verdad, Jacques —repitió el tabernero.