Historia de dos ciudades

Historia de dos ciudades

CAPÍTULO XIV MADAME DEFARGE CONCLUYE SU LABOR

Mientras en la Conciergerie llamaban a los cincuenta y dos, madame Defarge celebraba consejo con Jacques tercero y la Venganza. La reunión no se celebraba en la taberna de Saint Antoine sino en la barraca del aserrador, el antiguo caminero, el cual, apostado en una esquina inmediata como centinela, no debía tomar parte en la discusión hasta el momento en que fueran necesarias sus explicaciones, pero sin tener voto deliberativo.

—Defarge es un buen republicano —dijo Jacques tercero.

—No hay otro mejor —añadió la Venganza.

—No tanto, amiga mía —repuso la tabernera, poniendo la mano sobre la boca de su ayudante de campo—; mi marido es un buen patriota, tan valiente como sincero, y ha merecido el bien de la República cuya confianza posee, pero tiene un lado débil y se deja enternecer por ese doctor.

—Qué lástima —dijo Jacques, llevándose los dedos a su boca de tigre—; eso no es propio de un buen ciudadano.

—Me preocupa muy poco ese doctor, y lo mismo me da verlo vivo que muerto; pero la familia de los Evrémonde ha de desaparecer, y es forzoso que la mujer y la hija sigan pronto al que va a morir.


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