Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Tenemos que ver los carros. ¿Estarás en la plaza para verlos llegar? —gritó la Venganza corriendo detrás de su jefa, que habÃa doblado ya la esquina.
Madame Defarge agitó la mano indicándole que la oÃa y que podÃa estar segura de que no tardarÃa, y se marchó dejando a Jacques tercero y a la Venganza admirados de su buen talle y de sus facultades morales.
HabÃa entonces un gran número de mujeres espantosamente desnaturalizadas por el furor contagioso de la época, pero la más temible de todas era la que se dirigÃa ahora a la casa del doctor. De un carácter a la par prudente y audaz, de una voluntad inflexible, de un espÃritu determinado, de una penetración prodigiosa y de una belleza que no solo parecÃa infundir en ella firmeza y animosidad, sino inspirar en los demás un instintivo reconocimiento de esas cualidades, madame Defarge habrÃa surgido en cualquier caso del oleaje revolucionario. Pero, imbuida del recuerdo de las inquietudes de que habÃa sido vÃctima su familia, y habiendo alimentado desde la infancia un odio inveterado contra los nobles y esperado sin cesar el momento de vengarse, la ocasión la habÃa transformado en una fiera y le habÃa arrancado la piedad, si es que esta virtud se habÃa albergado alguna vez en su corazón.