Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¡Buenos dÃas, amigos! —dijo el tabernero a los tres Jacques sin dejar de mirar a su mujer—. La habitación por alquilar que deseáis ver, y de la que me habéis hablado antes de salir de la tienda, está en el sexto piso, en la escalera de la mano derecha y dentro del patio, pero recuerdo que uno de vosotros la ha visitado ya y podrá enseñaros el camino. Adiós, señores.
Los tres compañeros pagaron y salieron de la tienda.
Monsieur Defarge, apoyado en el mostrador, parecÃa estudiar la obra de su mujer, que seguÃa con su labor de punto, cuando el caballero anciano se acercó y le preguntó si podÃa decirle dos palabras.
—Con mucho gusto, caballero —respondió, dirigiéndose a la puerta con su interlocutor.
La conversación fue breve; a la primera palabra el tabernero hizo un movimiento de sorpresa y manifestó el más vivo interés, y apenas habÃa terminado la segunda frase cuando hizo un ademán al desconocido invitándolo a que lo siguiera lo mismo que a la joven que le habÃa acompañado, y los tres se alejaron.
Madame Defarge continuaba mientras tanto haciendo punto con rapidez, y tenÃa el rostro tan tranquilo y los ojos tan bajos que probablemente no hubiera visto nada de lo que pasaba en la tienda.