Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades El tabernero condujo al señor Lorry y a la señorita Manette a la escalera por donde acababan de entrar los tres Jacques. Para llegar a ella habÃa que cruzar un pequeño patio húmedo y sucio, común a algunas casas habitadas por un número considerable de inquilinos. Cuando monsieur Defarge entró en el corredor oscuro que terminaba en la escalera, se arrodilló delante de la hija de su antiguo amo y le besó la mano. Se habÃa producido una transformación completa en el tabernero, que no era ya el hombre de buen humor, de rostro franco y risueño, sino un hombre discreto, irascible y amenazador.
—No os apresuréis, la escalera es muy oscura e inclinada —dijo, con voz sombrÃa, dirigiéndose al señor Lorry.
—¿Está solo? —murmuró el anciano.
—Solo. ¿Quién queréis que pueda acompañarle? —contestó el tabernero en voz baja.
—¿Siempre está solo?
—Siempre.
—¿Está muy cambiado?
—¡Si está cambiado!
El tabernero se detuvo para descargar un golpe en la pared y profirió entre dientes una imprecación horrible. No podÃa darse respuesta más significativa, y el señor Lorry se entristecÃa cada vez más mientras avanzaba por el corredor.