Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades La escalera de una casa de esta clase con sus accesorios serÃa hoy bastante repugnante en todos los antiguos barrios de ParÃs, pero en aquella época era insoportable para los sentidos no habituados y no endurecidos. Cada habitación, o más bien cada espacio de aquella colmena de seis pisos, depositaba la basura en un cubo y arrojaba el resto por la ventana; esta masa de despojos en descomposición habrÃa sido más que suficiente para viciar el aire más puro, aun cuando la miseria no hubiese añadido sus miasmas, pero estos dos manantiales combinados lo corrompÃan completamente.
En medio de atmósfera tan envenenada se abrÃa el pasillo sombrÃo y cenagoso que seguÃan el tabernero y sus dos acompañantes. El señor Lorry tuvo que detenerse tres veces por necesidad personal y por compasión por la señorita Manette, cuya agitación era por momentos más viva. Estas tres pausas habÃan tenido lugar cerca de las ventanas por cuyos barrotes escapaba la parte menos corrompida del aire y entraban todos los vapores infectos. A través de estas rejas cubiertas de un orÃn nauseabundo se vislumbraba una confusa masa de edificios vecinos, y a excepción de los campanarios de Notre-Dame, no se veÃa nada que recordase una vida sana o un tranquilo bienestar.