Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¿Acabaréis hoy ese par de zapatos? —le preguntó monsieur Defarge haciendo al inglés una señal para que se acercase a su lado.
—¿Qué decÃs?
—Pregunto si tenéis intención de acabar hoy esos zapatos.
—No puedo decir que tenga intención… Lo supongo… No lo sé…
Estas palabras le recordaron su tarea y continuó trabajando. Sin embargo, dos minutos después, el zapatero alzó sus ojos huraños, y no manifestó sorpresa alguna al ver a otra persona. Se llevó los dedos trémulos a los labios, tan blancos como sus uñas, bajó la mano que habÃa alzado, y continuó trabajando.
—Tenéis una visita —dijo el tabernero.
El zapatero miró a su alrededor sin dejar el trabajo.
—Mirad —continuó el tabernero—; este caballero es muy entendido en zapatos. Enseñadle el que estáis haciendo para que vea que está bien cosido.
El anciano obedeció maquinalmente.
—Decid a este caballero cómo se llama ese calzado y cuál es el nombre del que lo ha hecho —prosiguió el tabernero.
La respuesta se hizo esperar mucho tiempo.
—¿Me preguntabais alguna cosa? —dijo por fin—. ¿Qué decÃais? No me acuerdo…