Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Os suplico que expliquéis a este caballero de qué clase es el zapato que acabáis de hacer.
—Es un zapato de mujer, un zapato de paseo como se llevan ahora. No he visto la moda, pero he tenido un modelo —añadió, contemplando su obra con cierta satisfacción y orgullo.
—Y el nombre de quien lo ha hecho —dijo Defarge.
Ahora que no tenÃa zapato que sostener, descansó los nudillos de la mano derecha en el hueco de la mano izquierda; luego, los nudillos de la mano izquierda en el hueco de la mano derecha; y finalmente se llevó una y otra a la barba, con regularidad y sin interrupción. Arrancarle de la abstracción en que volvÃa a caer inmediatamente después de haber hablado, requerÃa tanto trabajo como para hacer volver en sà a una persona desmayada o para reanimar a un moribundo con la esperanza de obtener una confidencia.
—¿No me habéis preguntado mi nombre? —repuso con ademán distraÃdo.
—SÃ.
—Ciento cinco, Torre Norte.
—¿Nada más?
—Ciento cinco, Torre Norte.
Articuló débilmente un sonido que, sin ser un gemido o un suspiro, expresaba cansancio, y se inclinó, dispuesto a reanudar su trabajo.