Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¿Habéis sido siempre zapatero? —le preguntó el señor Lorry, mirándolo fijamente.
Los ojos vagos del zapatero se volvieron hacia Defarge como para transmitirle la pregunta que se le hacÃa pero, viendo que este callaba, contempló al inglés después de buscar el sitio donde se hallaba.
—¿Si he sido siempre zapatero? —le dijo—. No, no era ese mi estado. He empezado aquÃ, lo he aprendido yo solo. HabÃa pedido…
Se interrumpió bruscamente, pareció haber olvidado a su interlocutor y empezó a poner una mano sobre la otra con regularidad mecánica.
Al cabo de algunos minutos sus ojos se encontraron otra vez con la figura del inglés y, estremeciéndose como quien despierta con un sobresalto, continuó la frase que habÃa empezado.
—HabÃa pedido permiso para aprender un oficio… Me costó mucho trabajo… Tardé mucho tiempo en conseguirlo… pero desde entonces he hecho siempre zapatos.
—Doctor Manette —le dijo el señor Lorry devolviéndole el zapato—, ¿no os acordáis de m�
El anciano soltó el zapato que habÃa cogido y miró al inglés.