Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Cuando esta crisis violenta siguió todas sus fases, y la calma profunda, que en el hombre lo mismo que en la naturaleza sucede a las tempestades, se apoderó del anciano, el señor Lorry y el tabernero corrieron a levantarlo del suelo, en tanto que su hija le sostenÃa la cabeza y formaba con sus cabellos un velo que le protegÃa de la luz.
El señor Lorry, después de limpiarse varias veces la nariz, se inclinó hacia la joven, y esta le dijo al oÃdo:
—Si pudiéramos hacer los preparativos, podrÃamos sacarle de aquà y regresar sin tardanza a Inglaterra.
—¿Resistirá el viaje? —preguntó el inglés.
—Peor será retenerlo en esta ciudad que le es tan odiosa.
—Tenéis razón, señorita —dijo el tabernero, que se habÃa arrodillado para oÃr mejor—; hay además poderosos motivos para que el doctor Manette salga de ParÃs lo antes posible. ¿Pido caballos de posta?
—Eso entra en el dominio de los negocios y es de mi incumbencia —repuso el señor Lorry, recobrando su actitud metódica.