Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Tened la bondad de dejarme con él —dijo la señorita Manette con voz suplicante—. ¿No veis qué tranquilo está? Nada temáis. Si teméis que pueda aparecer aquà algún extraño, cerrad la puerta. Cuidaré de él mientras estéis fuera, y cuando volváis lo encontraréis tan tranquilo como ahora.
El señor Lorry y Defarge, menos confiados que la señorita Manette, querÃan que uno de ellos se quedase en la buhardilla, pero, como además de los caballos y del carruaje se necesitaban pasaportes, el dÃa estaba avanzado y no podÃa perderse tiempo, decidieron repartirse el trabajo.
Cuando salieron, la joven se sentó al lado de su padre mientras este dormÃa profundamente. La sombra empezó a invadir poco a poco la buhardilla, y se fue haciendo más densa hasta que cerró del todo la noche. Ninguno de los dos se movió hasta que una luz penetró por las hendiduras de la pared.
El señor Lorry y Defarge no solo traÃan los pasaportes sino también capas, pan, carne, café y vino. Colocaron la luz y los vÃveres en el banco que, con una mala cama, formaba todo el mobiliario de la buhardilla, y el tabernero despertó al doctor con el auxilio del inglés y lo ayudó a incorporarse.