Historia de dos ciudades

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El escenario era el domicilio particular del señor Cruncher, situado en el Pasaje de la Espada Pendiente, en el barrio de White-Fiars. La hora, las siete y media de una mañana ventosa del mes de marzo Anno Domini 1780. Cruncher siempre designaba el año con el nombre de «Anna Dominós», porque estaba convencido de que la era cristiana data de la invención de cierto juego popular por parte de cierta dama que le dio su nombre.

La vivienda de Cruncher no era de las más suntuosas, pues se componía de dos aposentos si se puede contar como uno un armario con un panel de cristal. Estaban, en cualquier caso, muy limpios. A primera hora de la ventosa mañana de marzo, el cuarto donde dormía había sido ya barrido, y debajo de las tazas puestas sobre una mesa de pino se veía un mantel de una blancura intachable.

Cruncher descansaba bajo un cobertor de cuadros de colores como un arlequín en su traje. Hacía un momento que dormía con un sueño profundo y sonoro, pero empezaba ya a revolverse en su lecho levantando y arrugando las sábanas, hasta que, despertándose completamente, se incorporó con los cabellos erizados y lanzó a su alrededor una ojeada.

—¡Por vida de mi abuela! —gritó con enojo—. ¿Otra vez?


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