Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Apretujados entre toda clase de lúgubres armarios y conejeras, los dependientes de Tellsone eran viejos y de una gravedad patriarcal. ¿No habÃan sido nunca jóvenes? Es muy probable que alguna vez lo fueran; sin embargo, cuando los señores Tellsone admitÃan por casualidad a un joven, lo escondÃan no sabemos dónde hasta que llegaba a viejo, y lo conservaban como el queso en un paraje húmedo y oscuro hasta que adquirÃa el sabor rancio de la casa. Se le permitÃa entonces dejarse ver con la cabeza baja y los ojos clavados en enormes libros de cuentas, y sumar sus anteojos, su gorro y sus pantuflos al peso total del establecimiento. Fuera de la puerta, y nunca dentro a no ser que se lo llamase, habÃa un mozo que empleado como recadero, y era por decirlo asà una representación viviente de los banqueros. Nunca se ausentaba en horas de oficina, a menos que lo mandaran a alguna parte, y entonces lo representaba su hijo, un pilluelo de doce años que era su vivo retrato. La gente creÃa que la Banca Tellsone, en una muestra de magnanimidad, toleraba a este hombre. La casa siempre habÃa tolerado a alguien con estas capacidades, y el tiempo y las mareas habÃan colocado al hombre en este puesto. Su apellido era Cruncher y, cuando pocos dÃas después de nacer renunció a Satanás, sus pompas y sus obras, lo bautizaron en la iglesia de la parroquia de Haunsditch con el nombre de Jerry.