La Casa lugubre
La Casa lugubre —SÃ, señorita. El marido de aquella mujer tan bonita. Lástima de su cojera, porque se dislocó un tobillo y el cirujano no supo curarla. Su hermano es el leñador que metieron en la cárcel por haber dicho no sé qué un dÃa que andaba bebido. Dicen que se emborracha con frecuencia y que eso acabará pronto con él —dijo Charley.
Como no adivinaba quién pudiera ser el que preguntaba por mÃ, y dado que constituÃan para mà un motivo de inquietud los más insignificantes acontecimientos, pensé que era preferible ir sola a la posada. Le dije a Charley que me trajese rápidamente mi sombrero y el velo y mi chal, y descendà por la callejuela, donde me encontraba tan a mis anchas como en el pequeño patio de la casa del señor Boythorn.