La Casa lugubre

La Casa lugubre

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Y estaba tan sinceramente cariñoso y emocionado que ante esa primera sorpresa y el placer de su saludo fraternal apenas tuve aliento para decirle que Ada estaba bien.

—Anticipándote a mi mismo pensamiento, ¡siempre el mismo encanto de chica! —dijo Richard, conduciéndome hacia una silla y sentándose junto a mí.

Me levanté el velo, no del todo, y repitió como antes:

—¡Siempre la misma!

Me levanté el velo del todo, y dejé mi mano sobre la manga de Richard y, mirándole a los ojos, le dije, entonces, cuánto me alegraba también de verlo, porque tenía que hablarle de cosas muy serias.

—¡Magnífico! —contestó—. Yo también tengo mucho que decir y necesito explicarme para ser comprendido.

—Precisamente —le dije negando con la cabeza— deseaba verlo para hablarle de una persona a quien parece no corresponder.

—Te debes de referir a John Jarndyce —apuntó Richard.

—Justamente.

—Tanto mejor, porque yo también quiero hablarle de él, pero únicamente a usted, querida amiga, a usted sola, ¿entiende? Puesto que no tengo que dar cuentas a nadie. Y mucho menos al señor Jarndyce.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker