La Casa lugubre
La Casa lugubre Después de que ha salido de la habitación, el señor Guppy se apresura a guardar el retrato de milady junto con los demás, y dice con voz anhelante a su compañero:
—Acabemos pronto y salgamos de esta casa. Es en vano, Tony, que trate de ocultarte por más tiempo que existen entre una de esas nobles bellezas y yo relaciones que no te habían sido aún divulgadas. Hubiera podido revelártelo todo en otra época, confiándote la índole de tales relaciones, Tony, pero perdóname que haya guardado este secreto y que continúe guardándolo en adelante: he jurado sepultar, en un profundo olvido, todo cuanto tiene relación con el ídolo roto cuya imagen reinó en otro tiempo en mi corazón, y te invito en nombre de la amistad que nos une y del profundo interés que te inspira la aristocracia, que no me hagas preguntas y que olvides esta confidencia, con todos los hechos que a ella se refieren.
El señor Guppy se halla en un estado de intensa exaltación oratoria que raya en demencia y que produce en el señor Weevle, completamente deslumbrado, una impresión de la que se resienten sus largos cabellos y hasta sus patillas tan cuidadosamente peinadas.