La Casa lugubre
La Casa lugubre Sin embargo, Inglaterra ha navegado todo un mes sin piloto frente a la tempestad, como ha hecho observar muy juiciosamente sir Leicester Dedlock, y lo más prodigioso del caso es que la nación no ha parecido inquietarse en este desastroso tránsito y ha seguido comiendo, bebiendo, casándose y dando a sus hijos en matrimonio como se hacÃa en la antigüedad, en los tiempos de antes del diluvio. Pero Coodle, Doodle y todo su séquito han visto claramente el peligro y les ha aterrado tanto que, por fin, sir Thomas Doodle no solo se ha dignado consentir en formar parte del ministerio, sino que, llevando al colmo su abnegación, ha hecho entrar con él a todos sus sobrinos, primos y cuñados. Hay, por lo tanto, esperanza de que la vieja nave dominará la tempestad.
Doodle, creyendo que debÃa volcarse en sus compatriotas, lo hace, esencialmente, en forma de monedas de a soberano y cerveza. En ese estado de metamorfosis está disponible en un buen número de sitios simultáneamente y puede volcarse en una parte considerable del paÃs al mismo tiempo. Y mientras Britania se embolsa y traga a Doodle en forma de monedas de a soberano y en forma de cerveza, jurando y perjurando por su honor y su moralidad que no hace ni una cosa ni otra (es claramente una contribución a su gloria y moralidad), se terminan bruscamente las sesiones parlamentarias en Londres y todos los doodelistas y coodelistas se dispersan para auxiliar a Britania en esos religiosos ejercicios.