La Casa lugubre

La Casa lugubre

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Pero ¿qué habías estado haciendo? —dice el señor Woodcourt.

—Nada, señor. Nunca he hecho nada para que me prendan, menos eso de no avanzar y eso del interrogante, y, además, porque estaba en la calle sin avanzar, pero ya no estaré sin avanzar, porque avanzo hacia el cementerio.

—No, no. Procuraremos que no vayas al cementerio. Pero, dime, ¿adónde te llevaron?

—Al hospital, donde estuve mucho tiempo —responde Jo en voz baja—. Después me dieron cuatro medias monedas, medias coronas de esas y me dijeron: «Nada tienes ya que hacer aquí; vete pronto, y no te detengas; avanza; procura que no te encuentre más a cuarenta millas de Londres, pues de lo contrario sabrías quien soy yo». ¡Si me encontrara aquí! —continúa Jo, mirando con inquietud y terror.

Allan recapacita un momento, y después observa, volviéndose hacia la mujer, pero manteniendo una mirada de aliento en Jo:

—Es menos ingrato de lo que suponía usted. No fue culpa suya, tenía una razón poderosa para marcharse.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker