La Casa lugubre

La Casa lugubre

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La señorita Flite, halagada por esta lisonja, reflexiona largo rato antes de tener una brillante idea. Todo está alquilado en casa de la señora Blinder, y ella ocupa el cuarto del pobre Gridley.

—¡Gridley! —exclama, de pronto dando palmas tras la vigésima repetición de ese comentario—. ¡Gridley! Sí, sí, querido doctor, el general George nos va a sacar del apuro.

Es imposible pedirle información alguna sobre el general George, y lo sería aunque la señorita Flite no estuviese ya subiendo precipitadamente a ponerse el pobre chal y el sombrero arrugado, y a coger su bolso de documentos. Vuelve luego a reunirse con el doctor, salen juntos y por el camino le cuenta que el general George, a quien ve algunas veces, conoce a su querida amiga Fitz-Jarndyce y se interesa por ella, de lo cual deduce Allan que el general es un hombre excelente que no puede menos de serle útil. Así que le dice a Jo, para animarlo, que ese vagabundeo pronto va a acabarse, y se dirigen adonde el general. Afortunadamente no está lejos.




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