La Casa lugubre
La Casa lugubre La señora Jellyby nos encomendó que le diésemos muchos recuerdos a su buen amigo el señor Jarndyce. Caddy se levantó de su pupitre para despedirnos, me dio un beso en el pasillo, y se paró en las escaleras. Peepy, por fortuna, dormía y nos ahorraba el pesar de la separación (tenía ciertos motivos para suponer que había ido al mercado de Newgate con intención de buscarme), y todos los demás niños se subieron en la trasera del birlocho y se cayeron, y los vimos, con gran inquietud, dispersos por el empedrado de Thavies Inn, mientras salíamos del barrio.