La Casa lugubre
La Casa lugubre —SÃ, sÃ, ¡es usted tan bueno, caballero!
—Padre nuestro.
—¡Padre nuestro! SÃ, es usted muy bueno, caballero.
—Que estás en los cielos.
—En los cielos… Será la luz que traerán.
—SÃ, Jo, la luz… Santificado sea tu nombre.
—Santificado.
La luz disipa al fin las tinieblas de su camino: ¡ha muerto!
Muerto. ¿OÃs, Majestad? ¡Ha muerto! Milores y caballeros, reverendos de todas las iglesias, ¡ha muerto! Hombres y mujeres en cuyo pecho ha puesto Dios piedad y compasión: ¡ha muerto! ¡Cuántos y cuántos mueren asà cada dÃa alrededor de nosotros!