La Casa lugubre
La Casa lugubre Nada más grato para aquella familia que la lisonjera invitación del señor Bucket. Woolwich se levanta inmediatamente, va en busca de su flauta y ejecuta la arrebatadora melodía. El señor Bucket lleva el compás, con entusiasmo, y canta el estribillo con voz de falsete: «Gra-na-de-ros bri-táaa-ni-cos». En una palabra, manifiesta tan exquisito gusto musical, que el señor Bagnet aparta la pipa de sus labios y asegura que debe de cantar muy bien. El señor Bucket confiesa con modestia que en otro tiempo tuvo buena voz, y para corresponder al franco recibimiento que se le ha dispensado, satisface el deseo que todos tienen de oírlo cantar, y recita la balada de «Créeme, si todos tus agradables encantos juveniles», balada que fue, según le dice a la señora Bagnet, su auxiliar más poderoso para conquistar a la señora Bucket en la época en que, doncella aún, consintió en seguirle hasta el altar… Las palabras del señor Bucket son «cumplir con los trámites».