La Casa lugubre

La Casa lugubre

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Sentada como estaba en mi lugar acostumbrado junto al señor Jarndyce (no era mi sitio de siempre, pero sí desde la carta), vi que las lágrimas corrían por las mejillas de Ada, sentada delante de mí. Hice entonces lo único que podía hacer, esto es, aparentar sosiego y alegría, pero viendo que su tristeza no se desvanecía, me convencí de que se encontraba mal, le pasé el brazo por la cintura y la acompañé a su cuarto. Pero ¡qué lejos estaba de sospechar lo que oprimía su corazón!

—¡Ay! Querida y buena Esther —me dijo Ada en cuanto estuvimos solas—. ¡Si pudiese contároslo todo a ti y a mi primo John!

—¿Por qué no lo haces, Ada? —contesté.

Por toda contestación inclinó la frente y me estrechó en sus brazos.

—Te consta, sobradamente —continué—, que tu primo John y yo somos lo bastante juiciosos, afectuosos y reservados para hacernos una confidencia, y que yo en particular tengo la pretensión de ser la más discreta depositaria. En cuanto a aquel a quien en adelante estará unida mi existencia, conoces su corazón y sabes que no puede haber en el mundo otro más noble.

—Tienes razón, querida Esther.

—Entonces ¿por qué vacilas en confiarnos lo que te da tanta pena? —le dije—. ¿A qué tienes miedo? Bien sabes que no hemos de tomárnoslo a mal.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker