La Casa lugubre
La Casa lugubre —Y por esto mismo, sir Leicester Dedlock —añade el señor Bucket—, le pido permiso para cerrar la puerta y echar la llave.
—Por supuesto.
El señor Bucket se dirige a la puerta silenciosamente, la cierra y se arrodilla un momento, como suele hacer siempre, para colocar la llave de forma que nadie pueda mirar desde fuera por el ojo de la cerradura.
—Ayer le dije, sir Leicester Dedlock, barón, que me faltaba poco para poner en claro el asunto y descubrir al culpable. Hoy ya tengo en mi mano cuantas pruebas son necesarias para declarar con certeza al autor del crimen.
—¿El soldado preso?
—No, sir Leicester Dedlock.
—¿Y ya tiene preso al criminal? —dice sir Leicester, asombrado.
—El criminal es una mujer —dice el señor Bucket tras hacer una pausa.
—¡Cielo santo! —exclama el barón, echándose hacia atrás contra el respaldo del sillón.