La Casa lugubre
La Casa lugubre —Y ahora, sir Leicester Dedlock, barón —continúa el señor Bucket, de pie, con una mano sobre la mesa y agitando el Ãndice de la otra—, es mi deber prepararle para una serie de detalles que van a causarle, no se lo oculto, una impresión muy dolorosa. Sin embargo, es usted un caballero, sir Leicester Dedlock, barón, y conozco hasta donde alcanza su valor. Sé que no hay golpe, por fuerte que sea, que no resista la templanza de un caballero. En presencia de los infortunios que sobre usted pesan, sir Leicester Dedlock, barón, piense en la nobleza de su cuna, a fin de sostener con la mayor dignidad y honor su apellido. Pregúntese a sà mismo cómo habrÃan reaccionado frente a esta prueba sus antepasados, desde Julio César hasta nuestros dÃas, sin querer por ahora remontarnos más lejos, y encontrará en ellos la presencia de ánimo necesaria para soportarlo y conservar la gloria de su familia. Asà es como usted piensa y es asà como actúa, sir Leicester Dedlock, barón.
Sir Leicester, con las manos crispadas sobre los brazos de su sillón, lo escucha como petrificado.