La Casa lugubre
La Casa lugubre —Repito, pregúnteselo a milady, sir Leicester Dedlock, barón —dice el señor Bucket—. DÃgaselo a su señorÃa, si le parece correcto, de parte del inspector detective Bucket. O mucho me equivoco o le dirá también que el señor Tulkinghorn tenÃa la intención de comunicárselo tan pronto hubiese considerado que habÃa llegado el momento. Seguramente asà se lo hizo entender a milady y sospecho que debió de decÃrselo la mañana misma en que fue encontrado el cadáver. Ignora usted todavÃa lo que me falta revelarle, y si yo cayese ahora herido de muerte, se podrÃa usted preguntar por qué no se lo habÃa contado, ¿no cree?
Sir Leicester está de acuerdo con la exactitud de la observación. En aquel momento, se oye en el vestÃbulo un gran estrépito de voces. El señor Bucket presta atención, entreabre la puerta, y, después de escuchar un instante, vuelve atrás y dice en voz baja:
—Sir Leicester, como me temÃa, este desafortunado asunto ha trascendido debido a la muerte del señor Tulkinghorn y el único medio que nos queda para sofocarlo es recibir a las personas que están sosteniendo un altercado con sus criados. ¿Me da usted su permiso para que las haga entrar? El honor de la familia exige que conserve usted su sangre frÃa mientras yo compruebo la situación. Tendrá usted que limitarse a asentir cuando yo se lo indique con la mirada.