La Casa lugubre
La Casa lugubre —Estoy autorizado por sir Leicester Dedlock, barón, para tratar este asunto, aunque no para cerrarlo —dice el señor Bucket y sir Leicester asiente con la cabeza—, no piense usted que voy a tomar en serio una petición de quinientas libras. Vamos, vamos, es una pretensión ridÃcula. Doscientas cincuenta libras es mucho más de lo que esto vale. ¿No quiere usted decir doscientas cincuenta?
El señor Smallweed se niega a rebajar un céntimo.
—En ese caso —dice el señor Bucket—, pasemos a ver qué dice el señor Chadband, quien lleva el nombre de un valiente compañero, de un hombre excelente, del mejor y más modesto que he encontrado en mi vida.
Asà interpelado, el señor Chadband se acerca al señor Bucket, le dirige una aceitosa sonrisa de satisfacción, y, restregándose las aceitosas manos, dice: