La Casa lugubre
La Casa lugubre El señor Bucket llama, aparece un mercurio, le dice una palabra al oÃdo y se sitúa detrás de la puerta con los brazos cruzados. Transcurridos unos pocos minutos, entra una francesa. Mademoiselle Hortense. En cuanto está en la habitación, el señor Bucket cierra la puerta y apoya la espalda contra ella. Lo repentino del ruido hace que se dé la vuelta, y entonces ve, por primera vez, a sir Leicester Dedlock sentado en su sillón.
—Perdóneme, señor —dice con rapidez—. Me han asegurado que no encontrarÃa a nadie aquÃ.
Al volverse para salir, se encuentra frente a frente con el señor Bucket y sus facciones se agitan en un movimiento convulsivo.
—Sir Leicester Dedlock, barón —dice el señor Bucket—, esta joven extranjera vive en mi casa desde hace algún tiempo.
—¿Qué le importa eso a sir Leicester Dedlock, querido amigo? —pregunta mademoiselle con voz burlona.
—Va usted a verlo, querida amiga.
Mademoiselle Hortense lo mira con una mueca en la cara, tirante, que cambia gradualmente en una sonrisa de desprecio.
—Está usted muy misterioso. ¿No habrá usted bebido demasiado?
—No, estoy tolerablemente sobrio, querida amiga.