La Casa lugubre
La Casa lugubre —Esta señorita extranjera, actualmente inquilina mÃa —dice el señor Bucket, y desde ese momento el Ãndice no para—, era camarera de milady; su naturaleza violenta y su vehemencia se convirtieron un dÃa en cólera contra milady cuando fue despedida.
—¡Eso es falso! —dice mademoiselle—. Yo me marché.
—Siga mi consejo y no se comprometa —dice el señor Bucket casi suplicando—, no diga nada mientras no se le pregunte. Ahora no hablo con usted.
—¡Despedida! —dice furiosa mademoiselle—. ¡Por milady! ¡Y qué milady, válgame Dios! Buen cuidado tuve de no perder mi buena reputación permaneciendo por más tiempo junto a ella.
—No salgo de mi asombro —dice el señor Bucket—, siempre tuve a los franceses por gente muy atenta, no sé cómo puede usted hablar asà delante de sir Leicester Dedlock.
—¡Pobre diablo! —exclama mademoiselle—. ¡Vea el caso que hago de su casa…, de su nombre…, de su idiotez! —Y a cada una de esas expresiones escupÃa en la alfombra con desprecio—. ¡SÃ, sÃ! ¡Vaya un hombre! ¡Es para sentirse orgulloso! ¡Oh, Dios mÃo!…